3.27.2013

ZARELA

En el mercado de Surquillo

Zarela Martínez canta, baila, cocina, recita décimas, hace performances, da charlas y clases de cocina, mantiene un sitio web con tres millones de visitas (www.zarela.com), escribe libros y artículos en revistas especializadas en gastronomía, diseña joyas, participa en programas de radio y televisión, toma fotos. Y no se cansa.
Siempre ha sido así, desde que cruzó la frontera de México recién divorciada, con dos hijos pequeños a cuestas y se instaló en Texas donde encontró apoyo en el reconocido chef Paul Prudhomme quien se convirtió en su mentor. Años después se mudó a Manhattan y fue en el corazón de la Gran Manzana donde abrió su restaurante Zarela, tributario de la variada cocina regional de su país. En una de esas cocinó para la reina Isabel de Inglaterra y en otra para el presidente Reagan. Su éxito estaba sellado. El próximo mes recibirá el premio de la Fundación James Beard en mérito a su trayectoria culinaria.

Dice que su vida cambió hace un par de años cuando cerró su restaurante luego de 23 años de actividad, enviudó y vendió su casona en el corazón de NY, centro de reunión de mexicanos, intelectuales y bohemios de toda laya, donde su objetivo era mantener viva la cultura mexicana a través de su cocina y sus costumbres. La vida le dio un vuelco pero Zarela sigue inventándose una actividad tras otra. No importa si la salud le quiere jugar alguna trastada, ella se levanta como mujer guerrera, como orgullosa descendiente de los olmecas, la cultura madre de la civilización mesoamericana.
El coraje lo heredó de su papá, para quien el único pecado en el mundo es desperdiciar el talento; de su mamá le viene la afición a la cocina, y de la abuela una rebeldía pícara que la lleva a romper moldes constantemente.
Dice que desde adolescente, cuando cocinaba para sus primos durante las vacaciones, remojaba los chiles y los restregaba con las manos para quitarles la piel y entregarles su espíritu como regalo. Lo siguió haciendo diariamente en su cocina para los comensales que realmente sentían la esencia de Zarela en los refinados platos tradicionales de las distintas regiones de México que entregaba. 

Confiesa que no le gusta la tendencia deconstructiva de la cocina moderna: “está toda separada, es como hacer el amor y no terminar”, dice antes de estallar en una sonora carcajada.
Hace años quería conocer el Perú y lo hizo la semana pasada, en esta suerte de año sabático que se ha dado. Llegó con el fotógrafo, periodista y escritor mexicano/norteamericano Pedro Luis de Aguinaga, con quien recorrió mercados y huariques, conoció Arequipa y Cusco y se recargó de energías cósmicas.

Ahora empieza otra etapa, la de cosechar los frutos que sembró en la vida y seguramente sumar un nuevo título a los tres libros que ya lleva publicados: Food from my heart, una colección de recetas y anécdotas autobiográficas, Food and Life of Oaxaca y Zarela’s Veracruz.



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