11.17.2014

ANDALUCÍA, LA MORA



Ochocientos años de ocupación árabe dejaron su impronta en la bella Andalucía, tanto que para algunos románticos es “un Oriente cercano y confortable”. El arte mudéjar (palabra que procede de la islámica “muddayab” que designa a los musulmanes que habitaban tierras cristianas) conserva su misterioso esplendor  en innumerables rincones andaluces que los vencedores españoles cristianos supieron conservar y poner en valor.


Un viaje organizado por la Consejería de Turismo y Comercio de la Junta de Andalucía llevó a cinco periodistas peruanos a recorrer parte de esa región para conocer su gastronomía, los encantos lugareños y su oferta hotelera (el buque insignia es la cadena Paradores, red de alojamientos instalada en palacios, antiguos conventos o castillos medievales y comprometida con su entorno natural e histórico. De hecho es la cadena hotelera europea con mayor número de establecimientos certificados por la norma de calidad ISO 9001 y la Q que legitima la calidad turística).


La impactante belleza de la Alhambra de Granada con sus palacios nazaríes, la Alcazaba y el Generalife, loada mil veces por visitantes de toda laya, merece ser admirada con calma y regocijo. Las guías locales propuestas por los anfitriones Francisco García y José Luis sumaron conocimiento histórico a la gracia natural de los andaluces.

En Málaga, ciudad fundada por los fenicios y cuna de Pablo Picasso, se encuentra un pequeño museo inaugurado el 2003 que exhibe obras de la colección de Christine y Bernard Ruiz Picasso, nuera y nieto del artista. El museo organizado temáticamente despliega la amplia variedad de estilos, materiales y técnicas que Picasso transitó en vida. “La maja con mantilla” (en realidad la musa es la rusa Olga Khokhlova, su primera esposa) es un homenaje a los grandes maestros españoles que lo inspiraron.


Málaga es la puerta de entrada a ‘los pueblos blancos’, pintorescos poblados que conservan sus murallas medievales y sus calles estrechas y adoquinadas, como Arcos de la Frontera, Ronda y Jerez.




Su gastronomía fresca y mediterránea abunda en pescados y mariscos fritos en aceite oliva, boquerones (anchoas) al vinagre, salmonetes, gambas a la plancha o el delicioso rabo de toro a la Rondeña. 

Los dulces son de raigambre árabe y llegaron a América a través de los conventos. En Ronda probamos magdalenas, churros, alfajores, bienmesabe (pero sin camote ni leche como en el Perú sino con almendras y bizcocho), unos maravillosos canutos de almendras llamados ‘huesos de santo’ (similares a los ‘cuernos de gacela’ que probé luego en Marruecos) y los pestiños, masa frita en aceite de oliva y pasada por miel (que también se come en la Pascua judía, lo que indica un origen común vinculado a celebraciones religiosas).




En Jerez visitamos la bodega González Byass, diseñada por el francés Gustave Eiffel en 1862 y famosa por elaborar el jerez Tío Pepe (líder mundial en ventas de Fino). En sus bodegas guardan botellas de amontillado y palo cortado, así como un espectacular brandy de jerez.


La última parada en Sevilla fue coronada con un almuerzo en el Centro Gourmet del Corte Inglés que ofrece a los turistas una ‘gourmet experience’ con degustación de los productos seleccionados de su tienda (como el excelente jamón ‘Cinco Jotas’), pinchos, productos ibéricos, ahumados, carnes y postres a discreción.


Mención especial para el Museo del Flamenco dirigido por la gran Cristina Hoyos, donde no solo se muestra la trayectoria del flamenco a través de los años sino la pasión y el duende del cante jondo y el baile con un cuarteto de músicos que dejan la piel de gallina y el rostro humedecido. Ovación y agradecimiento para ellos.

Artículo publicado originalmente en CARETAS el 13 de noviembre 2014




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