12.01.2014

MUJERES ESPIRITUOSAS




En la Antigua Grecia el descubrimiento de la cerveza y posteriormente del vino fue asociado por los agricultores al dios Baco quien presa de una “locura divina” inspiró el éxtasis y el frenesí. La unión de Baco con el dios Pan dio origen a los ritos de la fertilidad y al nacimiento de las bacantes, esas mujeres gozadoras, misteriosas, arrebatadas, conspiradoras que organizaban ceremonias secretas prohibidas a los hombres.

El vino, el pisco (jugo de mostos) y la mujer han ido de la mano desde la noche de los tiempos, más como cosechadoras y consumidoras que como bodegueras (todavía), y últimamente como catadoras.
Se dice que las mujeres poseen en su estructura cerebral 45% más células olfativas que los hombres; los científicos aducen que esa capacidad olfativa tiene que ver con factores emocionales, pero lo cierto es que las mujeres huelen todo y todo el tiempo (que levante la mano la que no huela al marido cuando llega a casa). Si a ello le agregamos la vocación innata de actuar como guardianas de la tradición dado su gusto por guardar, ordenar, recopilar y transmitir conocimientos tenemos el cuadro completo: mujeres catadoras que comparten su experiencia y transmiten sus conocimientos.


A qué huele un recuerdo? La cata es memoria, es vida trajinada y recorrida y aunque los sentidos se eduquen y la técnica se depure, sin memoria se difumina el encanto del recuerdo. Por eso las percepciones son diferentes porque tienen que ver con una historia personal hecha de aromas, nostalgias, momentos y remembranzas.

Para hacer el libro Dos mujeres cientos de vinos Soledad Marroquín (comunicadora) y María Claudia Eraso (sumiller) probaron literalmente ‘cientos’ de vinos que se encuentran en estantes nacionales, los cataron a ciegas y los resumieron en lenguaje tan coloquial como entrenado. “Notas coquetonas, vino lady, este es un primito de la bodega tal, rico y distinguido”, en fin, una guía de lo más simpática y amena como para llevarla en la cartera.


Lo que no se puede poner en la cartera sino en la mesa de centro es La magia del pisco, libro en gran formato de la investigadora Lucero Villagarcía en el que da protagonismo especial a las uvas pisqueras, describiendo los encantos y misterios de cada una de ellas. El libro incluye un capítulo de bombones pisqueros con recetas de Giovanna Maggiolo, otro de coctelería con preparaciones de una decena de barman y mixólogos y un recetario de cocina peruana contemporánea donde el pisco es el ingrediente que marca la diferencia.

“El vino soy yo” decía madame Clicquot a quienes la visitaban en su Castillo de Boursault. En este caso, el vino y el pisco son ellas, nosotras, bacantes y centinelas; impetuosas y celadoras.
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