12.28.2015

FETTUCCINI


Dario De Biasi nació en Asolo, un pueblito de diez mil habitantes repleto de historia ubicado en la región del Véneto, al norte de Italia. Estudió mecánica pero en las vacaciones se empleaba como ayudante de cocina y le fue agarrando gusto a los fogones. Joven inquieto con espíritu de trotamundos el destino lo llevó a España, primero en Menorca luego en Málaga y Madrid. En ambas ciudades trabajó en diversos restaurantes y fue agarrando oficio. Cada cambio era un nuevo reto y un ascenso personal. La sazón italiana la llevaba en las venas pero fue adquiriendo destrezas en el manejo de carnes, de fríos, de calientes según los usos de las ciudades que lo acogían. También conoció de gestión y se familiarizó con la logística del negocio de restauración.

Y como en todas las historias hay que cherchez la femme para encontrar la razón de su venida a estas tierras. Efectivamente fue la novia, hoy su esposa, la peruana que lo animó a quedarse aquí. No la tuvo fácil. Tocó muchas puertas, estuvo un tiempo con Jaime Pesaque en Mayta hasta que se animó a levantar vuelo por su cuenta.


Con una inversión mínima, muchos desvelos y trabajo intenso abrió Fettuccini (non solo pasta), una osteria italiana típica: un sitio pequeño, casi de paso, donde se sirve cocina de casa, sencilla, sabrosa, hecha al momento. Era el año 2012 cuando Dario tomó un local en traspaso que fue acomodando poco a poco. La última reapertura con cocina remozada fue hace una semana.
Lo que no cambia es su concepto. Ofrecer comida mediterránea con productos del día a precios muy razonables. Si no hay pulpo en el mercado prescinde del cacciuco a la livornese, uno de sus platos estrella. No remplaza los productos porque sería infiel al sabor de la memoria. “Aquí no hay tantos mariscos como en la Toscana”, se queja, enmendando la plana a quienes piensan que “nuestro mar es de una riqueza incontrastable”.


Dedica buenas horas a conseguir proveedores responsables y probar la calidad de los insumos. Los resultados están a la vista. Los jueves pone lasaña con salsa de carne, los viernes un estupendo ossobuco con polenta y los sábados vuelve el cacciuco, una sopa densa, sabrosa, aromática a la que Dario le pone dos tipos de pescado blanco, pulpo, conchas de abanico sin coral y langostinos. Como abrebocas pida la burrata con dados de polenta gratinada o el tartar de bonito. Realmente buenos.
Por logística solo ofrece pasta dura (la fresca vendrá más adelante, cuando tenga espacio) cocinada al dente con salsas perfumadas con albahaca, tomate, ajo romero y orégano. La Carta es escueta. A la hora del almuerzo pone dos menús, uno criollo y el otro italiano (S/. 14 y S/12 soles respectivamente). En la noche se amplía la oferta.

No espere variedad de postres, solo hay un tiramisú y helado de vainilla con fresas salteadas con pimienta rosa que aprendió en Málaga. Más bien no deje de pedir un Aperol Spritz, (S/. 18) es el mejor que he probado en Lima y definitivamente el que tiene la mejor relación calidad/precio, virtud de la que también se precia su cocina. Una oferta de vinos sumamente modesta se ve recompensada con la opción de cervezas artesanales (Cabo Blanco, Amaz, Panam, Pampa, Premiun Triple). Fettuccini merece una visita.
Dario con un piercing en la ceja, argolla en la oreja, trenza rala y tatuajes múltiples, más parece metalero pero es un cocinero para tomarlo en serio.


Ficha Técnica: Ignacio Merino 546, Miraflores. Teléfono: 4227283. Horario de atención: lunes a miércoles de 12 m a 4 pm. De jueves a sábado atiende también cena. Domingos cierra. Capacidad: 50 personas. No hay estacionamiento ni valet parking.





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