9.23.2016

APANADO A MISTURA

 Cuando en el 2007 un grupo de 32 personas convocadas por Gastón Acurio nos reunimos en Chiclayo para crear Apega nos fijamos dos objetivos fundamentales: apostar por las cocinas regionales y por los productores, binomio que representa el potencial de nuestra gastronomía. 
Palmiro Ocampo tuvo a su cargo la parte gastronómica

En la primera versión de Mistura, el año 2008, nació el proyecto “Herederos de la cocina peruana” con la finalidad de dar protagonismo a nuevas generaciones de cocineros. Esas ideas primigenias siguen vigentes y han fructificado. En el camino han surgido nuevos retos y nuevas exigencias que deben enfrentarse a través de debates e innovaciones. Así evitamos que organizadores y participantes nos durmamos sobre los laureles cayendo en una dañina autocomplacencia o, en el otro extremo, celebrando nuestra autodestrucción.

Luego de nueve años de vigencia (y con cuatro hectáreas más de espacio que hizo que la feria pareciera más amplia y ordenada) Mistura cerró en olor a multitud (las cifras oficiales pueden confrontarse con Sunat o Teleticket), con más presencia de los Gobiernos Regionales (el del Callao propuso una divertida recreación de La Punta con ambientes emblemáticos, graffitis y ritmo de salsa) y novedades como el stand de los pescadores-cocineros, el pabellón de México, país invitado, y la presencia de nuestros cocineros más reconocidos guisando en el Gran Mercado en dos turnos por día y vendiendo la porción a cinco soles. Sin embargo, no creo que el éxito o fracaso de una feria se mida por la extensión, número de visitantes, patrocinadores o expositores, pienso que nuestra gastronomía va más allá de ese reduccionismo.
Alumnos de la Escuela Colombia que ganaron en el concurso Interescuelas
Este fue el año más difícil según sus organizadores. El no tener un espacio propio los obliga a armar y desarmar la feria a un costo de quince millones de soles. El retiro de algunos auspiciadores fuertes (el año pasado la enorme presencia de Backus llevó a pensar que la feria ya no era gastronómica sino cervecera) y la ausencia de pabellones tan importantes como el del café, el chocolate y los dulces (en esta versión presentes pero dispersos a lo largo del mercado) resienten el resultado.
Debemos deschanchopalizar la feria
El punto más débil -y que Apega debe afrontar cuanto antes- es el foro de reflexión donde los especialistas aborden el universo gastronómico desde diferentes ángulos. Esta idea nunca llegó a cuajar del todo. En las primeras versiones el foro tuvo una tarifa alta y adicional a la entrada, luego se eliminó el pago sin mejorar los resultados, finalmente el año pasado se descentralizó pero Qaray tuvo muy poca concurrencia pese a la enorme calidad de los expositores.

Mistura es la marca de mayor recordación entre los peruanos y con la que se sienten más identificados. Su modelo se replica en provincias y se estudia en el exterior al punto que Apega evalúa franquiciar el modelo.  Es indudablemente una fiesta popular cuya existencia debe reforzarse, retroalimentarse y renovarse con los principios de ética, transparencia y generosidad que iluminaron sus inicios.
Bareto en la fiesta de clausura
Quizás en el futuro sea necesario pensar en dos Misturas: una fiesta popular masiva con puestos de comidas y bebidas, espectáculos, conciertos y como alguien sugirió “hasta con juegos mecánicos”, donde la gastronomía acompañe la diversión, y otra más reflexiva, “deschanchopalizada”, organizada en torno al Gran Mercado, mucho más pequeña, centrada en la investigación, innovación y propuestas, que vuelva a los orígenes, que mire más nuestra despensa y a partir de allí seguir desatando energías para construir la identidad gastronómica peruana.


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