11.07.2016

HILOS DE ORO

En una chacra norteña rodeada de algarrobos, con banda de músicos pueblerinos y marinera rural, Cristina Gutiérrez presentó su libro “Lambayeque. Algodón nativo y artesanía textil”. Y lo hizo ante las protagonistas de la historia: las trejas tejedoras de Mórrope, Monsefú, Ferreñafe, Túcume, Éten y San José que supieron mantener una tradición heredada de sus antepasados moches, chimús y lambayeques superando peripecias y adversidades de todo tipo.

El algodón es el producto más antiguo del mundo. Aparece en el Mioceno, hace diez o quince millones de años, y se expande por el mundo adquiriendo características diferentes según la ubicación geográfica. En el valle de Lambayeque se cultiva desde hace cinco mil años, incluso antes que la alpaca; sin embargo, la enorme variedad de colores que tiene el algodón nativo del Perú no se replica en otros lados.


“Al domesticar el algodón se inicia el hilado y los tejidos con urdimbres y tramados hechos con aguja, hasta que aparecen, antes que el descubrimiento de la cerámica, los telares básicos que son los primeros artefactos hechos por el hombre para facilitar su tarea”, dice la autora.

 Pese a su enjundioso pasado, el algodón nativo estuvo a punto de desaparecer. En 1949 se erradicaron las plantas por ser “hospederas de plagas”, aunque la verdadera razón fue que la angurria era huésped de los terratenientes quienes quisieron eliminar las plantas nativas para ampliar sus cultivos de algodón industrial que les producía pingües ganancias.

Sin embargo, la tradición textil siguió desarrollándose a hurtadillas, en los confines de las chacras o en pequeños bosquecillos donde las mujeres seguían sembrando, cultivando e hilando a mano con una técnica prehispánica que sigue vigente y se transmite de madres a hijas a través de los años. El veto duró sesenta años, hasta el 2008, cuando el algodón nativo desfallecía por falta de incentivos y la calidad de la fibra se iba empobreciendo ante la incuria de los gobernantes.

Cristina es lingüista, diseñadora textil y estudiosa de las fibras textiles peruanas. Durante cuatro años recorrió los pueblitos de Lambayeque en busca de semillas e historias de vida que son en verdad historias de resistencia y expresión de la identidad. El arte textil es el primer patrimonio vivo que tenemos aunque se haya escrito poco y publicado menos.




Es por eso tan valiosa la aparición de “Lambayeque. Algodón nativo y artesanía textil” libro auspiciado por la Facultad de Ciencias de Comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad San Martín de Porras entidad que promueve decididamente la publicación de trabajos de investigación.

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