9.30.2008

ADRIA: EL MAGNIFICO


Qué experiencia maravillosa fue escuchar al chef catalán Albert Adriá hablando sobre el laboratorio de El Bulli, nombre que viene de los perros bulldog que había en el local antes de convertirse en el sorprendente laboratorio gastronómico que es hoy con tres estrellas Michelin sobre la mesa.
Albert parece un muchacho de barrio, tímido, que no se cree la fama internacional que tiene su cocina porque el famoso es su hermano Ferrán, él es solamente el Jefe de Cocina, el responsable del laboratorio y de todos los inventos que un año después ofrecerán a los comensales en una sesión diaria durante cinco días a la semana y por seis meses. Después se encierran a investigar, viajar, crear.
Su padre es pintor y todo el mundo cree que es artista, aunque es pintor de brocha gorda. Los hijos se sienten artistas y lo son. Basta ver los postres trabajados con frutas falsas, con flores falsas, con paisajes falsos pero que parecen fotografías de plátanos, fresas, tierra recién removida y jardines en otoño, tal es la perfección de la imitación hecha con caramelo, chocolate, coulis de frutas, reducciones y técnicas sofisticadísimas.
Es una cocina del futuro que sorprende y emociona.
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