6.10.2013

COMER EN DUBAI




Visto desde lo alto del Burj Khalifa (la torre más alta del mundo), Dubai es un gran desierto atravesado por autopistas y salpicado de lagos artificiales; desde la tierra es un enjambre de edificios altísimos circundados por canales de agua y jardines que compiten en diseño, derroche y modernidad. Es una mezcla de Las Vegas con Manhattan (o Sin City) pero con excentricidades inmobiliarias producto del petrolero oro negro que todo lo puede y todo lo hace. Dubai es capaz de tener una pista de patinaje sobre hielo cuando la temperatura exterior bordea los 50ºC, o construir una enorme isla artificial (en realidad serán tres, cada una más grande que la anterior) en forma de palmera donde caben hoteles, residencias, centros comerciales, restaurantes, clubes deportivos y hasta un monorriel.

Este emirato de ex nómades que no tiene ni 50 años, será anfitrión del Mundial de Fútbol en el 2020, aunque carezca de equipo competitivo propio. Para ello un ejército de obreros, grúas y mezcladoras pone a punto la ciudad que crece a ritmo frenético bajo los retratos del Khalifa bin Zayed Al Nahayan (actual presidente de los Emiratos Árabes Unidos y jeque de Abu Dhabi) y Mahammed bin Rashid Al Maktoum, jeque de Dubai. En los emiratos no se come carne ni se bebe alcohol y se descansa los sábados. Tiene una población de dos millones y medio de habitantes (pero menos del 15% son emiratíes de nacimiento) y veinte millones de turistas al año. No sé si esto explique las cantidades siderales de alcohol que se consumen en los restaurantes, generalmente atestados de jóvenes ruidosos, adinerados y elegantísimos.

Me gusta la cocina árabe, es picosa, aromática y cargada al curry. Hummus, baba-ganush y yogures están presentes a toda hora del día. Pero el premio se lo llevan los postres: los pastelillos rellenos de miel y almendras, los dátiles acaramelados, las bombas etéreas cubiertas de miel, las cremas de queso y yogur, los alfajores, en fin. Un recital prácticamente inabarcable.

Los chefs más mediáticos del mundo están en Dubai o lo estarán en corto tiempo. En el enorme Dubai Mall (donde está la Burj Khalifa) el gran Mario Batali estrena su Eataly en setiembre al lado del Rosamexicano (faltaba más). Gordon Ramsay está a cargo del Verre en el hotel Hilton y Jamie Oliver tiene una acogedora terraza con vista a La Marina donde sirve pastas, un fantástico risotto de zapallo, hamburguesas y una variedad de postres interesantes. Por si fuera poco, el Grupo Acurio Restaurantes acaba de anunciar su sociedad con el grupo emiratí Abraaj con el que abrirá locales en Asia, Medio Oriente y Oceanía.

Dos mentados restaurantes que están entre los top 100 de San Pellegrino son Zuma y Petit Maison, ambos ubicados en el Centro Financiero. El primero dedicado a la cocina japonesa y el segundo a la francesa. Lo que más llama la atención en estos restaurantes es que son enormes. Cada uno con capacidad para 200 cubiertos pero con un bar/lounge bullicioso y masivo donde entre volutas de humo (todo el mundo fuma) y copas de vino los jóvenes empresarios del mundo se divierten. A diferencia del bar, los comedores son silenciosos y minimalistas, no hay cuadros, ni música ni nada que perturbe el noble oficio de comer.

Pero el restaurante más famoso de Dubai es el Al Mahara, uno de los nueve restaurantes ubicados en la Burj Al Arab, un edificio en forma de velero construido sobre su propia isla artificial. 
Allí está el hotel de siete estrellas en cuya cúspide hay un helipuerto donde alguna vez Roger Federer y André Agassi disputaron un partido de tenis.
El ingreso al Al Mahara simula un submarino gigantesco al final del cual aparece una enorme pecera alimentada por un millón de litros de agua. La pecera es redonda y se ubica al centro, las mesas están alrededor de tal manera que queda constantemente a la vista, prácticamente encima de la cabeza, dando la impresión que se trata de una comida subacuática. 
Fue tan espectacular la experiencia visual que la culinaria quedó relegada, sin ningún plato memorable que supere el recuerdo de los tiburoncitos blancos y los centenares de pececillos que nadan y se mueve impertérritos frente al asombro de los comensales.  




PERÚ EN DUBAI



En uno de los rincones más exclusivos de la ciudad, la torre del complejo Grosvenor House, está el restaurante Toro Toro de Richard Sandoval (chef mexicano-americano con varios restaurantes en el mundo) que ofrece una cocina panlatina y fue elegido como el Mejor Nuevo Restaurante 2012 por la revista Time Out. 

Es un local enorme con 200 asientos en el comedor y otros tantos en el piso superior que sirve de bar y lounge. 
Tres cocineros peruanos forman parte del equipo comandado por el mexicano Alfredo Lazo, entre ellos el peruano Carlos Pazos (ex Ache). Promperú organizó el evento Perú Mucho Gusto e invitó a Jaime Pesaque de Mayta como nuestro representante culinario. Durante una semana ahí reinaron tiraditos, cebiches, pulpo al olivo, escabeche con puré de habas, arroz con mariscos, ají de gallina, arroz con pato, suspiro de limeña amén de varios cocteles como el infaltable pisco sour y chilcanos aromáticos que pusieron de vuela y media a los asistentes (por cierto en el lounge estaba el ministro de Economía, el presidente del BCR, líderes empresariales y funcionarios consulares). Jaime adapta sabores y presentación sin perder la esencia nacional, habituado como está al gusto oriental a través de su restaurante Mayta Peruvian Kitchen and Pisco Bar en Hong Kong que inauguró hace tres meses con un éxito increíble y creciente en esa cosmopolita urbe china.

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