8.25.2008

DORIS GIBSON


Doris Gibson, la gran Doris murió el sábado. Mucho se ha dicho y mucho se dirá de esta extraordinaria mujer, puro fuego, pura rebeldía, pura pasión. Modestamente contaré un par de cosas de mi relación con ella. La primera fue cuando aún no trabajaba en CARETAS, quizás el año 85 o el 86. Estaba yo en una oficina esperando a alguien y contesté el teléfono imaginando alguna primicia impostergable. Una voz potente y autoritaria me preguntó "¿quién contesta?". "Soy una visita", respondí apocada. "¿Y las visitas no tienen nombre?". Así conocí a Doris. Durante los doce años que trabajé en la revista su presencia fue constante e imponente. En ese entonces CARETAS funcionaba en Camaná y como el ascensor se malograba a cada rato, ella esperaba que lo arreglaran en el Koala. Una mañana las chicas de Contabilidad me pidieron que fuera a conversarle para que el malhumor no se apoderara de ella. "¿Qué quieres tomar?", me dijo apenas me senté. "Un cafecito", le respondí. "Qué cojudez es esa de cafecito. Dos vodkas dobles, rápido", le dijo a Yoshio. Y una más. Cuando el MRTA entró a CARETAS buscando a Zileri, los invasores se apoderaron de mi oficina que quedaba cerca de la puerta y allí fueron metiendo a toda la gente que llegaba a trabajar. Eran dos chicos, casi adolescentes que nos apuntaban con una pistola (o un revólver, no sé, cuando me interrogó la policía entendí la diferencia, pero ya me la olvidé)y temblaban tanto que yo pensé que en cualquier momento se les escaparía un tiro. Cuando se lo conté a Doris, ella me agarró el brazo con fuerza y se me quedó mirando fijamente mientras le bailaba una media sonrisa en la boca. "Esta arequipeña, muy bien, esta arequipeña". Creo que me estaba felicitando.
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